La necesaria paz…

La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento.
Albert Einstein (1879-1955)

Es reconocido el dato de que el Estado, esa portentosa maquinaria que solemos confundir con la burocracia gubernamental, surgió por la necesidad de protegerse de la acechanza de los enemigos, tanto del exterior como el interior, corroborando el aserto de que la unión hace la fuerza.

Plauto (254-184 a.n.e) en su obra Asinaria, dice: Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit I(Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro), posteriormente Hobbes, el filósofo inglés, decía que en el estado de naturaleza, el hombre era el lobo del hombre, popularizando lo dicho por Plauto, aunque la frase de este está inscrito en la “Comedia de los Asnos” y el filósofo la inscribe en la tragedia de la lucha del hombre contra el hombre ante la ausencia de una institución de Leyes.

Utilizando la dura figura en el contexto político resulta congruente, que ante la incapacidad del hombre individual para controlar sus instintos cargados de violencia, se instituya un modelo organizativo que lo contenga y lo haga vivir en una sociedad política: El Estado y los gobiernos que lo dirigen.

No solo tiene el Estado el monopolio de la fuerza, sino, también el del entendimiento para crear leyes que permitan una convivencia justa y armoniosa entre los individuos que voluntariamente decidan vivir en él. Desde el Código de Hammurabi hasta los modernos códigos civiles y penales, llegando a el reconocimiento de los Derechos Humanos de quinta generación, que tienen que ver con el mundo digital, la humanidad se ha debatido por construir sistemas políticos que garanticen que la gente pueda vivir y desarrollar todas sus capacidades intelectuales en medio de la paz; sin embargo, la historia es una larga y cruenta lucha entre las clases sociales y los propios Estados, donde el afán de lucro genera los excesos en la explotación y dominación del otro para satisfacer esa ambición.

El expansionismo de los Estados, para apropiarse de materias primas o esclavizar, en el siglo pasado dio como resultado las dos guerras mundiales, de cuyo trágico final aún no se repone el mundo; ahora, globalizado el sistema capitalista neoliberal, sus efectos se miden en la depauperación brutal de grandes poblaciones cuyos salarios apenas les alcanza para sobrevivir; otro sector, dueño de maquinaria, capital y ejércitos vive en la cúspide de la pirámide disfrutando de una riqueza ilegítima e ilegal.

Entre la base alienada y la cúpula que ostenta el poder, media una cultura de las clases medias que, afanosas por llegar a la cima, son capaces de cualquier iniquidad o delito; máxime si están conscientes de que los grupos cupulares han hecho su fortuna, explotando, espoliando y robando al pueblo.

La falta de consolidación de una cultura ciudadana de respeto irrestricto a la Ley, tiene que ver con el origen del Estado mexicano desde la conquista misma y el choque de dos civilizaciones que tenían conductas diferentes ante su propio mundo jurídico; así, la inquebrantable ley y voluntad indígena, pronto se vio rebasada por el relativismo axiológico del derecho español, sus encomiendas y gracias otorgadas por el Rey. La dura situación del esclavismo colonial y la ambición española por la plata y el oro, terminó creando el molcajete de donde saldría una cultura mixta que ni quema tanto al santo pero que tampoco lo alumbra mucho. Hay maneras de hacer fraude a la ley y estos fraudes suelen hacerlo de manera más frecuento los que tienen poder.

Ahora, tras décadas (30 años es una generación) el entramado social está tejido con hilos de corrupción que amenazan toda la urdimbre y el deshilachamiento del Estado mexicano.

El caso más grave que amenaza la estabilidad en el país es sin duda: el narcotráfico, de él se desprenden diversas actividades: impacto en la producción agraria, producción de reactivos químicos, mercado negro de armas, secuestro y reclutamiento de gentes, prostitución, robo, y crímenes contra la población civil, con el simple hecho de mantener el caos y amedrentamiento de la población; la situación es tan grave, que decir mexicanizado ha superado a colombianizado para definir una cultura impactada por el narcotráfico y la corrupción.

Calderón, intentando confirmarse en su cuestionado triunfo para la presidencia de la república, diseñó una estrategia militarista contra en narco, sin conocer la profundidad del problema nacional y los diversos vasos comunicantes que esta tenía, doce años después: el narcotráfico sigue floreciendo y Estados Unidos, principal consumidor, liberando la venta de mariguana, mientras que la sociedad civil sufre brutalmente los daños colaterales a manos de los sicarios o de los excesos violatorios de derechos humanos realizados por las policías, el ejército y la marina.

A cada arma que compra el ejército, los narcos compran más y así la espiral no para; mientras tanto; grupos de élite del ejército ante los peligros y su mísero sueldo, mejor desertan y se pasan al enemigo, otros por miedo y cobardía, otros por corruptos terminan nutriendo al narco y toda organización criminal y para colmo: el propio poder judicial horadado en sus bases, permite que la impunidad alimente un círculo de perversión, es una guerra diabólica y sin fin, donde cada bando quiere exterminar al otro y eso nunca ha sido posible… la más cruel e inhumana guerra ha terminado con un ¡Acuerdo de Paz!

Explorar un pacto con los capos de los cárteles para conseguir la paz en México no es nada del otro mundo. Muchos gobiernos, incluido México pacta legalmente con los narcos, desde el momento que los acoge a programas de “testigos protegidos” donde estos dan información valiosa para desmantelar organizaciones criminales y ellos obtienen reducciones importantes en sus sentencias. Es obvio que en un llamado a pactar la paz, no vendrán en masa los narcos a presentarse a la mesa, pero sin duda, los que lo hagan y analizados individualmente en sus acciones, podrán reincorporarse a la sociedad y de paso, aumentar la masa del erario al entregar buena parte de sus recursos mal habidos.

Sin duda, las familias de las víctimas, no estarán plenamente de acuerdo, pero el riesgo de sufrir otro atentado es mayor dejando que crezca la guerra contra el narco que si se pacta la paz; aunque nunca se podrá revivir al familiar, la incautación de bienes debe ser utilizada para resarcir económicamente bien a las familias.

Ya se que Andrés Manuel la ha dicho, pero no sólo él, otras voces también lo han planteado y no es una idea descabellada, lo descabellado es escalar la guerra y hacerla interminable y lo peor: salir a pescar en el rio revuelto del narcotráfico como lobo solitario. ¡Necesitamos la paz!

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