Los Reyes Magos

Meade, Anaya y López, han pisado suelo veracruzano como parte de su campaña para ser postulados como candidatos de sus respectivas alianzas a la presidencia de la república. Meade y Anaya, postulados por el PRI y por el PAN, respectivamente, decidieron encerrarse en sendos locales para hablar con su audiencia, por su parte López siguió a cielo abierto encontrándose con la gente.

Los tres se han referido obligadamente a la corrupción y de manera puntual se han referido al indiciado Javier Duarte; el priista Meade ha hecho un mea culpa y de plano ha señalado que esa traición dolió, pero que se reivindicarán y demostrarán que no son corruptos; Anaya por su parte señala que Duarte será el lastre del PRI y que el PAN no es corrupto. Ambos, tanto el priista como el panista, se dieron su tiempo para atacar a López, acusándolo de corrupto y de traidor y de pactar con las mafias.

Por su parte López, acusa de asociación delictuosa entre el gobierno y las bandas criminales, se entiende que a nivel federal con el PRI y a nivel local con el PAN y también señala la galopante corrupción que existe en el país, prohijada por los malos gobiernos.

Al margen de las acusaciones mutuas, que pareciera que en la política mexicana son bien recibidas por la gente; los tres coinciden en el mal mayor: la criminal corrupción.

La corrupción entendida en su más amplia aceptación: ¡aprovecharse del cargo, empleo o comisión robándose los bienes públicos o favoreciendo a familiares y amigos en contra del bien común!

Más como magos que como Reyes, los tres candidatos han anunciado al pueblo que la historia comienza con ellos, como si no hubiera un pasado que los estigmatiza o que les desmiente en su retórica.

Anaya, no podrá parar a Margarita Zavala como candidata independiente cuando señale los actos de corrupción del mozuelo; Meade, no podrá ocultar que siendo servidor público en administraciones priistas y panistas es responsable de algunas políticas públicas que nos tienen en la crítica situación actual; se duele de Duarte, pero aún tiene a muchos Duartes tras de sí; López, por su parte, también de vertiente priista, perredista, tendrá que demostrar que su discurso no simplemente es retórica o demagogia.

Los más de 80 años de gobiernos priistas y la docena de años del PAN, han demostrado que a pesar de la alternancia en el poder, la república sigue achacosa de los mismos males y que además se ha hecho más vieja: tres síntomas hablan de su crónica enfermedad: injusticia social, pues uno de cada dos mexicanos vive en la pobreza o en la miseria y solo un puñado de ricos disfruta de la mieles del sistema concentrador del capitalismo neoliberal; dos, inseguridad e impunidad, el incremento de homicidios dolosos particularmente contra la mujeres (feminicidio) y la acción criminal de narcotraficantes y de personas es tan crítica, que están muriendo más gentes aquí en México que en otras guerras regionales que hay en el mundo; la impunidad sobre los actos violentos, la colusión de autoridades del poder judicial con los criminales, está a punto de derramar el vaso de la tolerancia de la población y tres, la milenaria corrupción, que, no hay que olvidarlo: fue traída por el español conquistador e impactó al sistema de justicia indígena… hoy, la corrupción es moneda corriente en el administración pública y se sintetiza por el dicho del poeta apodado el Tlacuache Garizurieta que dijo: no me den, pónganme donde hay que yo lo agarro.

Los tres como Reyes Magos, Meade, Anaya y López, han venido a ofrecerle al pueblo veracruzano, como si de un niño se tratara, incienso, mirra y oro, pero digámoslo francamente: están mal, porque el pueblo veracruzano ya no es un niño y no se está chupando el dedo y menos está creyendo en los Reyes Magos, sino que sabe que tiene que trabajar para ganarse el pan de cada día; tiene que aprender a cuidarse solo u organizadamente porque no hay policía para cada uno y porque no se sabe si es policía o ladrón y tres, sabe que tiene que ser honesto para que el otro sea honesto con él.

Ninguno de los tres habló de obedecer al pueblo y gobernar con una ciudadanía participativa, los tres como magos, sacaron de su chistera los ilusorios regalos para un pueblo infantil… ya se darán cuenta el 1º de julio, quien se acercó más a las aspiraciones de los veracruzanos.

Por nuestra parte y encarrilados en la construcción de un nuevo gobierno, diremos que el cambio profundo está en la reordenación de la estructura del poder. Hasta hoy el gobierno ha estado por encima de las decisiones de la sociedad civil, ésta recibe como orden la ocurrencia más idiota del gobernante y poco puede hacer para impedirlo; por ello se necesita un nuevo modelo de gobernanza democrática donde los políticos siempre estén vigilados por la ciudadanía y desde el presupuesto mismo, todas las políticas públicas estén controladas y fiscalizadas en tiempo real, evitando con ello la corrupción. Revocación del mandato, transparencia, rendición de cuentas, cero tolerancia, y la más amplia participación ciudadana, deberán ser los principios políticos rectores de un nuevo gobierno… todo lo demás, es el conejo que los magos sacan de su sombrero.

 

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