Maquiavelitos jarochos

La política mexicana está llena de modismos y de escasa cultura de los sistemas políticos. El “político” mexicano es arribista, demagogo, de pésimo gusto, ladroncillo y ganagracia, vaya necesita ser chistoso para congraciarse con los demás; sobre todo, con los que siempre lo han visto por encima del hombro, ya sea por su fealdad física o ideológica. Una vez que llega al poder, con codos y rodillas raspados, se vuelve autoritario, mandón, vengativo y corrupto… según él, tanto le ha costado llegar a la cima que tiene que cobrarlo con creces, luego entonces, el tesoro público es de él y por consiguiente se lo roba de mil maneras. Llama la atención su modelo sentimental de relacionarse, si es hombre, se vuelve “metrosexual” entre gay y heterosexual; si es mujer, entre mujer y lesbiana… por alguna razón de frustraciones infantiles donde las relaciones familiares nacieron rotas, nuestros políticos, incapaces de amar, confunden la posesión y cosificación de los otros como el verdadero amor… obviamente las frustraciones de la eyaculación precoz y la anorgasmia, las irán desquitando con todo el pueblo.

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Foto IPCN.- Miguel Ángel Yunes Linares desde su campaña electoral se comprometió a respetar el Estado de Derecho.

Debiera haber un sector de las clases medias con un bagaje cultural y una ética política correcta, cuyos pensamientos y actos se concretarán en un gobierno racional, de leyes, social, humanista que se tradujera en el mayor bien común para la mayoría de la gente; pero no. La larga crisis económica, y por consiguiente política, las ha depauperado y la ha aventado a la lucha feroz por la supervivencia, obligándolos a ser payasos políticos, imitadores de la mala política…

En su fragmentada e infame carrera, nuestros políticos, donde el ninguneo y la humillación los rodeó, algo escucharon de su patrón, que a la vez lo escuchó en cualquier burdel de la política: ¡El fin justifica a los medios!

Aaah, por fin, un conocimiento duro y puro del quehacer político, que sirviera en el tartamudeo de la supina ignorancia, hinchar el pecho y decir: Maquiavelo dijo: ¡El fin justifica los medios!

Falso. Se puede recorrer línea por línea todo el libro de Nicolás Maquiavelo, titulado El Príncipe y nunca se encontrará la sentencia “El fin justifica los medios”; para sorpresa de muchos, hay antecedentes de que ese libro lo leyó Napoleón Bonaparte y en su parte final, el Corso, le apostilló, la sentencia malamente atribuida a Maquiavelo.

Analfabetos nuestros políticos, mala lectora la sociedad toda, la frase se fue regando como la peste, aniquilando todo sentido ético de la político y sirviendo de justificación a la barbarie. Si Maquiavelo escribió El Príncipe y narra en él, los vericuetos de la política en el siglo XV y XVI y además se lo dedica a Lorenzo de Medicis, no es un libro propiamente para un “hombre” sino para la nueva institución que empezaba a dibujarse como el Estado político.

Un Estado de Derecho, como lo hemos venido diciendo en estos diálogos. La política como la acción de los gobernantes para mantener un poder que beneficie a la población del Estado que representan; más ahora, con el poder delegado mediante el sufragio universal. Peleaba el príncipe de Maquiavelo (léase el nuevo Estado) contra las reminiscencias del imperio romano y el poder del papado, de ahí las connotaciones bélicas del tratado, pero nunca la frase que finalmente plantea que para lograr un buen fin ético y moral, haya que utilizarse métodos, medios, antiéticos e inmorales. ¡Vaya, ser corrupto, pues!

Ese es el quid de la cuestión, los actos contrarios al derecho y a las buenas maneras, que han utilizado nuestros políticos y que hoy nos tienen en un lugar vergonzoso del mundo: gobernadores, secretarios y diputados rateros y huyendo.cy7brbwweau98o5

Dice Maquiavelo, en el capítulo XIX de El Príncipe[1], Página 92, “Hace odioso –al príncipe- sobre todo, como ya he dicho antes, el ser expoliador y el apoderarse de los bienes y de las mujeres de los súbditos”… “Hace despreciable el ser considerado voluble, frívolo, afeminado, pusilánime e irresoluto, defectos de los cuales debe alejarse como una nave de un escollo, e ingeniarse para que en sus actos se reconozca grandeza, valentía, seriedad y fuerza.” Más adelante, luego de que traza con crudeza las argucias de un príncipe para sobrevivir al acoso de enemigos, tanto externos como internos, pero no contra su propio pueblo o súbditos, en esto hay que poner atención, nos dice (Pág. 116) “El príncipe también se mostrará amante de la virtud y honrará a los que se distingan en las artes. Asimismo, dará seguridad a los ciudadanos para que puedan dedicarse tranquilamente a sus profesiones, al comercio, a la agricultura y a cualquier otra actividad; y que unos, no se abstengan de embellecer sus posesiones por temor a que se las quiten, y otros de abrir tienda por miedo a los impuestos”.

Maquiavelo, a lo largo de su libro nunca alaba al Príncipe pervertido, ni mucho menos le aconseja que sea corrupto y expoliador con sus súbditos, hoy con el pueblo, por el contrario, le exige que analice las circunstancias y actúe racionalmente frente a ellas para que no pierda el poder y al pueblo mismo, al cual se debe.

Nos dice en el capítulo XXII, “ De los secretarios del Príncipe”, pág. 118: “No es punto carente de importancia la elección de los ministros, que será buena o mala cordura del príncipe. La primera opinión que se tiene del juicio de un príncipe se funda en los hombres que lo rodean si son capaces y fieles, podrá reputárselo por sabio, pues supo hallarlos capaces y mantenerlos fieles; pero cuando no lo son, no podrá considerarse prudente a un príncipe que el primer error que comete lo comete en esta elección”

La máxima de la jerga política el fin justifica los medios, pareciera la brújula ideológica que está moviendo al nuevo gobierno en Veracruz, a pesar del derruido estado de derecho que existe; pues lejos de cimentarse en un renovado pacto social que exija a los gobernantes y gobernados una nueva cultura social y jurídica, de respeto irrestricto a las buenas leyes y las costumbres (las malas hay que reformarlas), se acepta el disimulo, la ineptitud y el fraude a la ley.

Ahora, hay que cargar, con el bochorno de los títulos firmados por la rectora de la UV y sacados al vapor o avalados por universidades patito, ¿Dónde está la calidad académica que tanto vociferamos, donde está el reclamo justo del dinero, todo para terminar vendiendo títulos al por mayor? ¿Dónde está la profesión de fe en el estado de derecho si se disimula ante el fraude a la ley? ¿Dónde el buen gobierno si está en manos de gente con pocos escrúpulos que no respetan la ley? ¿Cómo les digo a los jóvenes y a mis nietos que se esfuercen y estudien para obtener un título que certifique que tienen realmente nuevas habilidades del pensamiento para vivir felices como ciudadanos de bien, si la UV los da sin más ni más? ¡Así empezó Duarte, con poquito y miren dónde anda!

Nuestros políticos no han leído El Príncipe de Maquiavelo, han oído en la piqueras de la política que “El fin justifica a lo medios” y creen que son maquiavelitos.

Craso error, el pueblo se los cobrará, ¡Ojalá! que el nuevo gobernador de Veracruz, comprometido con el Estado de Derecho desde su campaña, lea totalmente a Maquiavelo y no cometa errores que lo hagan odioso ante el pueblo de Veracruz.

[1] https://ocw.uca.es/pluginfile.php/1491/mod_resource/content/1/El_principe_Maquiavelo.pdf

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