Nos despertamos y el dinosaurio estaba ahí…

Salvo por el lenguaje ofensivo hacia los extranjeros, a los latinos, a los musulmanes, particularmente a nosotros los mexicanos, Donald Trump, es el prototipo de gringo blanco, exitoso en los negocios, conquistador con las mujeres, bocón, extrovertido y ambicioso. Es el capitalista que se maneja perfectamente en una economía de mercado donde todo se vale, si el resultado final es incrementar la ganancia: el capital.

Su campaña, basada en exacerbar la ideología primaria, primitiva, del norteamericano promedio, consiguió los votos suficientes para que fuera electo presidente… Clinton, no pudo bajarse del carro del espectáculo y sin más, finalmente sólo fue comparsa al no poder plantear y concitar el voto más democrático, más plural, más justiciero, de las clases medias de los Estados Unidos.

Por otro lado el modelo electoral de ellos crea contradicciones: Clinton tiene el voto mayoritario, pero Trump tiene los votos electorales de los delegados que legalmente le dan el triunfo de la presidencia. Pero a pesar de ello, se las arreglan y el reconocimiento de Hillary de que Trump ganó, nos dice que no se ha acabado el mundo y que la vida sigue. El propio ganador ya ha dicho en su discurso de triunfador: “impulsaré la economía y nos llevaremos bien con todas las naciones que quieran llevarse bien con nosotros”, lo que ratifica el mensaje de la potencia capitalista de imponer su poder económico y militar a sus enemigos identificados y que es mejor llevarse bien con ellos. Pero siempre ha sido así, la político imperial de los Estados Unidos es la expansión de su política económica reforzada con su poder militar e injerencista.

¿Qué esperábamos? bueno, una mayor expansión de modelos democráticos y menos autoritarios, una mayor participación de la ciudadanía, un empoderamiento en términos generales de las mujeres, que avanzara en la consolidación de la igualdad sustantiva entre mujeres y hombres; esperábamos una mayor distribución de la riqueza entre la población norteamericana, que pusiera el ejemplo a la economía globalizada; menos guerras locales en el mundo; más integración de economías sustentables y sostenibles… una forma de gobernar que impulsara la gobernanza democrática.trump

¿Que obtuvimos? la idea promedio de una sociedad individualista, competitiva en medio del mercado, nacionalista, conservadora, blanca, sexista y misógina a la vez, donde las mujeres son objetos de aparador y nada más, también obtuvimos una mala relación política internacional con el triunfador, al no poder crear desde antes una relación simétrica entre nuestros intereses económicos y los de ellos. Desde el TLC, la asimetría ha sido grave para la economía del país y sobre todo para nuestros connacionales que viajan hacia los EEUU con el fin de encontrar empleo; empleo, que nuestro gobierno ha sido incapaz de generar y ofrecer.

La idea supremacista de Trump germina no solamente en los anglosajones blancos, también en los latinos y negros, sería bueno saber cuantos latinos, mexicanos y negros terminaron votando por Trump, cansados de las constantes promesas de la democracia y que sólo quedaron como un discurso hueco y demagógico… ahora otra demagogia les ha ganado y desde la idea primigenia populista de “We are number one” saltan de gusto por haber ganado.

En el campo del proceso electoral en sí, entramos de lleno al fracaso de los pronósticos, de las encuestas, del exceso de confianza en los números, sin percibir que el ciudadano promedio está harto de tanta mediocridad, de crisis económica, de tanta “democracia” sin que su economía familiar prospere, excepto la de los políticos corruptos que se han enriquecido vendiendo ese discurso.

La ruta de México sigue la cauda de la gringa, es posible que el mexicano promedio se siga manifestando al igual que el gringo: más de lo mismo ha pesar de los errores manifiestos en la política de Peña Nieto… en todo caso, lejos de las encuestas, que ya volvimos a ratificar que fallan, los ciudadanos que pensemos que necesitamos cambios profundos en nuestro modelo democrático, tenemos que salir a la calle y difundir una real cultura de participación ciudadana, de hacernos cargo de la política y de los políticos, para que finalmente impulsemos la construcción de un nuevo Estado Social, profundamente democrático y respetuoso del Estado de Derecho… despertar y espantar a los seres antidiluvianos.

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