¡Desnuda vino al mundo!

El paro nacional de los trabajadores y trabajadoras de salud, el día de hoy, ha sido todo un éxito. Sobre todo porque es un sector en su mayoría profundamente conservador de su estatus económico y social y pocas veces dispuesto a ser revoltoso y juntarse con los más pobres; con perdón sea dicho, siempre son sus clientes o derechohabientes, que son tratados con cierto desdén y desprecio. No es un sello distintivo la calidez en la medicina social y la calidad está aún lejos de lograrse.

Se quejan médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, de la criminalización de sus actos comparables con la negligencia médica; como si no existiera la Comisión de Arbitraje Médico, que es el órgano que dirime esas controversias; también de la falta de insumos e infraestructura para garantizar el derecho a la salud que el artículo 4º constitucional consagra a todos los mexicanos… ahora, aunado a la lucha magisterial por redefinir la reforma educativa que hace la CNTE, el gobierno se las tiene que ver con los trabajadores del área de salud… debemos admitirlo el Estado mexicano está en un profunda crisis y su gobierno hegemónico emanado del PRI tiene ya el rigor mortis; y esa falla estructural y decadencia incita a los sectores agraviados a manifestarse en su contra, con el rencor cargado de todos los agraviados.

La manifestación en Veracruz puerto tomó otro sesgo en el momento de pasar frente al Hospital Regional de Veracruz (donde por cierto, hace años hice mis prácticas médicas) cuando una ciudadana mayor de cincuenta años, de las muchas que viven bajo las escaleras esperando a que sus “enfermos” sean dados de alta o se los entreguen “vivos o muertos”; decidió desnudarse por completo y abanderar la marcha, si, así nomás… encuerándose toda.

Ahí va, frente al pelotón de la marcha, con sus tetas caídas, su vientre flácido marcado por una antiestética cicatriz hecha por un mal médico, seguramente por cesárea, su negro pubis ocultando su sexo, sus piernas firmes, de andante, su cara representando a los millones de caras de mujeres mexicanas, y sus brazos levantados, que intentan detener lo ominoso de un poder execrable, exorcizando todo el mal que delante de ella esté.

Mira al frente con la determinación de quien ya nada teme; su frágil cuerpo es su fortaleza, y su desnudez, que todo exhibe, le grita al mundo su hipocresía cubierta de falsos ropajes: ¿Son todos los de blanco: médicos? ¿Es el gobierno realmente social y garantiza a todos el derecho a la salud con calidad y calidez? ¿Está más cuerdo el que se viste por completo o el que desnudo anda?

Diógenes el Cínico, andaba semidesnudo en las calles de Atenas: – ¿Que buscas Diógenes con esa lámpara encendida en plena luz del día?- le preguntaban los ciudadanos a su paso; Diógenes, impertérrito respondía lacónicamente: ¡Un hombre justo!

Esa pregunta nos la hacemos todos los días sin mirarnos a nosotros mismos y menos mirando a los otros… se nos ha olvidado esa máxima griega que estaba inscrita en la entrada del templo de Apolo en Delfos: ¡Conócete a ti mismo!, al no conocernos no podemos comparar la virtud.

Ella va desnuda frente a los médicos y las médicas que obligados están a garantizarle su derecho a la salud, su gesto detiene al gobierno que institucionalmente debe proveer lo necesario para ello… está en medio y ni un grupo ni otro ha tendido el manto de la misericordia, de la solidaridad para atenderla y explicarle el conflicto social: desnuda mira al mundo… desnuda vino a él… así está el sistema de salud en México: ¡Hay que cambiarlo!

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